Cuando la nieve duerma en altas cimas
Y los álamos nudos destilen escarcha;
Cuando los nidos hueros amenacen ruina
Y los ríos crecidos desborden su lecho;
Cuando el gélido viento pregone implacable
Que el final de mis lunas se vislumbra,
Dame tu copa de cristal labrado,
Dame tu mano, tus palabras quedas
Y ciérrame los ojos con dos besos.
Mª Evelia San Juan Aguado
Oviedo, 28 de octubre de 2010


28 oct 2010 | 06:29 PM
jotatrujillo
Tal parece que la tristeza se enseñorea de las hojas y los corazones.
Yo, que también estoy necesitado, te conmino a aferrarse a la alegría.
Un abrazo.
31 oct 2010 | 09:14 PM
e.masip
Yo creo que las copas de cristal labrado no deben de tenerse en casa y si se tienen, deben de esconderse en algún lugar imposible de encontrar. Hay que cambiar el vaso sagrado por un porrón de cristal liso y transparente, con buen pitorro, para hacerlo correr de mano en mano, embriagándonos de felicidad. A eso te invito.
Un abrazo muy fuerte.
1 nov 2010 | 10:31 PM
veli
Juan, el tiempo de la tristeza llega sin llamarlo: hemos de decirle que su visita sea lo más corta posible.
Enrique, me encanta tu porrón transparente, tomemos unos sorbos y que la vida nos sea propicia...
Abrazos a los dos, amigos.
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