Tibia mañana de octubre. Soleada.

Bullicio en la calle principal. Prisas.

El autobús, en marcha hacia la periferia.

La señora añosa pasea torpe.

Empuña  una sombrilla japonesa de cien varillas.

Protege sus rizos agrisados.

Como un hongo llovido del cielo.

Mª Evelia San Juan Aguado

21 de octubre de 2010