CAPÍTULO 3
Este dichoso Jota me tiene frita. Primero fueron las llamadas. No le contesté ni una vez. Siguió con los mensajitos. Cientos me ha mandado. Hasta creo que algunas veces me ha seguido con el coche. ¡Qué pesado! ¿Cuándo se convencerá de que lo nuestro está muerto? Nito me dice que lo denuncie, que lo suyo es acoso y ya está bien de molestarme. A mí me da pena, prefiero esperar a que se canse o se aburra. Debo tener paciencia. Será cuestión de un poco de tiempo; seguro que se le pasará.
Ha estado algunas veces en la sidrería y no me ha dicho nada; sí, se aplacará.
¿Qué hora será? Uf, se me está haciendo tarde. A ver si me da tiempo y hago la compra antes de entrar a trabajar. Necesito…ah, sí: fruta, huevos, azúcar y pan Bimbo. La nota, en el monedero para que no se me olvide nada. Un retoque con la barra de labios, dos gotas de perfume, paso por el baño y salgo escopetada. Que no se me olviden las llaves.
—Mario, hijo, cuida de tu hermano, que marcho a trabajar.
—Tranquila, mamá, yo me encargo del enano.
—Si vais a la playa, no le pierdas de vista.
—No te preocupes. Te esperaré hasta que vuelvas.
—Ya me encargo yo de la compra.
Tengo suerte con los chicos. Mario es bien responsable. Ojalá siga así, porque con los horarios que tengo estoy preocupada al dejarlos solos. Y que no me falte el trabajo, que tengo que sacarlos adelante.
Seguro que hoy martes no va a haber demasiado jaleo en la sidrería. Bueno, depende. A veces, sin esperarlo, se lían las cosas y no llega nunca la hora de cerrar.
¡Vaya! Ahí está Jota… esta vez viene directo hacia mí. No hay otra sino atenderle.
Mientras esté aquí, tranquila.
Me dice que tiene un regalo para los chicos, un juego caro de los que ellos me piden. No me queda más remedio que ir con él para que me lo dé. Parece que ha bebido bastante.
Voy a intentar que me lo dé sin tener que entrar en su casa. Estoy deseando que acabe esta historia, que me lleve a casa y punto.
Dice, repite que seamos amigos, no pide más. Si se conforma, me dejará en paz.
¡Qué buena noche hace! No se ve ni siquiera un gato. Tengo que entrar, pero esa copa que dice no pienso tomarla. Le convenceré sin llevarle la contraria.
Insiste, insiste… voy a pasar al cuarto, a ver si me lo da… ah, aggg… ¿qué es esto?… me está ahogando… tengo que gritar… aggg… me asfixio… suéltame, asesino… mis hijos… esto es el final, aggg…
La mujer queda tendida sobre la cama y así permanece a lo largo de varios días. La temperatura veraniega provoca una rápida descomposición de su cuerpo. El criminal se aleja de la casa y desaparece sin dejar rastro aparente. Será la policía, alertada por la familia de ella, quien contemple por primera vez el resultado de tanto rencor.
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4 jun 2009 | 06:06 PM
locaporlaluna
En todo cuento hay más de una mirada, si consideramos los protagonistas. Genial lo tuyo. Parece que había mucho más! un beso grande
5 jun 2009 | 01:06 PM
jotatrujillo
La otra cara del cristal, aunque desgraciadamente, la imagen reflejada es la misma. La de la muerte.
Veamos que nos depara la próxima entrega.
Un abrazo.
6 jun 2009 | 10:03 PM
e.masip
Veli, triste historia relatada con mucha agilidad. La verdad es que hay gente que no sabe perder y acaba obsesionándose hasta llegar a matar. Repito, doliente texto, y lo peor: es frecuente. Sólo una buena educación sostenida acabaría con la mayoría de casos. Espero que así suceda.
Un abrazo y salud.
6 jun 2009 | 10:03 PM
Lucia Giraldo Hurtado
Hay...........y asi pasa.........
la realidad,siempre lo han dicho,supera la imaginacion.
Adelante con tus escritos!
Dios te bendiga! un abrazo!
6 jun 2009 | 11:04 PM
veli
Hola, Lucía: a veces cuesta echar miradas a realidades tan duras. Pero están ahí y es bueno intentar hacer pedagogía.
Juan, podría haber más entregas, pero me parece suficiente con lo expuesto hasta aquí.
Enrique, coincidimos en el valor de la pedagogía, pero desgraciadamente no está de moda...
Lucía, es verdad que no hace falta acudir a la imaginación para describir algunos hechos lamentables.
Gracias a todos y un fuerte abrazo.
7 jun 2009 | 06:58 PM
antares
Escalofriante serie, Veli. Me he quedado sin habla.
Un abrazo
13 jun 2009 | 01:49 AM
poesia cotidiana
Que buena historia, Veli, aunque triste el final.Y tan real. Me puso los pelos de punta cuando pienso en que a veces relativizamos la confianza y no debiera de ser asi. Es un tema con muchas aristas.
Un gran cariño, de nuevo por estos lares.
lu
15 jun 2009 | 06:05 AM
veli
Sí, Antares, hay sucesos que nos dejan anonadados.
Lu, yo le veo tantas aristas como personas a las que afecta...
Muchas gracias y un abrazo a ambas.
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