Ese alimento imprescindible para el cerebro; complejo vitamínico que deben tomar los niños para llegar a ser plenamente humanos; cajas fuertes que guardan los tesoros del conocimiento que heredarán las siguientes generaciones; edecanes de nuestra memoria, despertadores de la imaginación, maestros del lenguaje, magos de la escritura, juguetes tempranos de la infancia.
Cuando un niño toma en sus manos su primer libro y lo observa con interés, atención, fascinación, ingresa como socio de honor en el club de la humanidad.
Cuando un adulto observa a un niño que lee sentado en la base de una farola, muy cerca de la biblioteca, de la que seguramente procede el libro, sabe que la humanidad está a salvo.
Libros de piedra, madera, metal, papiro, pergamino, cuero, cartón, trapo...de papel. Con letras múltiples, dibujos, fotografías, relieves, troquelados, desplegables. En blanco y negro, en colores, grandes, medianos, pequeños, gruesos y delgados, en todos los idiomas del mundo.
Libros para jugar, aprender, entretener, informar, descubrir, mirar, reír, tocar, enseñar, desplegar, estudiar.
Aprecio sobremanera aquellos -¡hay tantos!- que puedes abrir al azar y siempre encuentras lectura sabrosa. Siempre tengo alguno de ellos sobre la mesita de noche para disfrutarlo antes de dormir. En las bibliotecas y en las librerías es gratificante pasear despacio la mirada por los lomos, leer los títulos, imaginar el contenido de los más llamativos.
Toda una larga vida dedicada a leer no sería suficiente para abarcar siquiera una buena porción de todos los que se publican. Hay que seleccionar, decidir con acierto qué leer, buscar los tesoros literarios, no precisamente los más anunciados ni los más vendidos.
Otros placeres que aprecio son visitar la feria del libro, buscar en las librerías de viejo, en los puestos del mercadillo, ese tesoro antiguo que solamente allí podrás encontrar, acaso algo ajado, manoseado, de papel oscurecido, con ese olor especial de los anaqueles polvorientos, ocres, descuidados. Y cuando lo encuentras, si el corazón palpita, mostrar indiferencia al preguntar el precio, pagar tras haber regateado y marchar con rapidez a casa para leerlo sin dilación.
P.D.: Estaría encantada de poder visitar la feria del libro en Madrid.
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9 comentarios
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16 may 2007 | 09:58 PM
alacant
Hola Veli, pocas veces he visto una defensa de los libros tan humana y sincera. creo que voy a ponerme a leer. Me has dado ganas de hacerlo. Un abrazo.
16 may 2007 | 10:52 PM
Myrtus Nada Communis
Yo fui una de las que primero puso un TBO en su vida y más tarde lo cambió por libros, el primero fue el de Pinocho, que tenía fotografías de la película, ya sin dibujos, y qué mayor me creía al poder leer LIBROS :D
Salut, Myrtus
16 may 2007 | 11:03 PM
imagina
No puedo imaginar un mundo sin libros.
Gracias Veli por este hermoso post.´
Un abrazo
Raúl
16 may 2007 | 11:43 PM
entrelilasyamapolasolvidado
Me gusta esa frase que dices Veli de que cuando hay un niño leyendo se siente un alivio.
Un abrazo, Javier
17 may 2007 | 07:04 AM
Iñaki Basauri Alvarado
Este texto me encantó, Evelia. Eres un libro abierto
17 may 2007 | 05:42 PM
jotatrujillo
Como no podía ser de otra manera, magnifica defensa del libro. Leyéndote me ha venido a la cabeza una frase del historiador americano Gabriel Jackson: " Leer, enseñar y dialogar, son elementos esenciales para erradicar la intolerancia."
Sigue con tu apostolado en favor de la lectura y la infancia. En tu mano está el preclaro don de hacer hombres de pro.
Un abrazo.
17 may 2007 | 10:10 PM
eltioantonio
Es lo mejor de lo mejor, menos futbol y más lectura, esto si hará grande a un país.
Saludos
18 may 2007 | 10:51 AM
Jesús
Fue la lectura para mí un gran descubrimiento, aunque tardío en mi caso el adquirir cierto hábito para leer. Como dijo Gloria Fuertes, ahora soy de la opinión de "Nene, apaga la tele y enciende el libro".
Te mando un beso.
23 may 2007 | 01:50 AM
juegaconmigo
Tube un profesor, D jose Luis Calavia, aprovecho y le hago mención. Fue mi tutor hasta los catorce. Mandaba callar con una campanilla, era estupendo. Una cosa que decía siempre, curso tras curso (posteriormente a mi hermana también) era: el libro es el mejor amigo que jamás podreis tener. los podréis irar y no se quejará, lo quemaréis y nunca llorará, lo dejaréis olvidado y nunca os reprochará nada, sin embargo cuando lo abráis y comenceis a leer no ha´ra otra cosa que llenaros de sabiduría y eso es lo más grande.
me encanta tu armario! enhorabuena
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