
¿Y los pies? Los pies son esencia de la condición humana, base de sustentación del cuerpo, herramienta primigenia para explorar el mundo, paradigma de la simetría.
Los pies son aficionados que caminan, saltan, bailan, trabajan, tocan instrumentos, corren,juguetean. Pies diminutos de las japonesas, ahormados desde niñas, castigados, heridos. Pies africanos, de chocolate negro por arriba y blanco por abajo, entrenados en recorrer desnudos miles de kilómetros. Pies grandes y musculosos de los deportistas; pies pequeños, pequeños, de los hombres de la montaña, aptos para trepar y escalar. Pies peonza de las etéreas bailarinas de ballet, que giran, giran y parecen a punto de volar. Pies juguetes de los infanticos, tan regordetes y rematados por dedos guisantes...
Los pies son coquetos, pueden actuar vestidos con miles de trajes diversos: para el deporte, para el trabajo, para el paseo, para el ocio, para la fiesta, para la noche; para la piscina, el mar y la playa; para el baile,para combatir el frío o para evitar el sudor; para ser más lindos y al mismo tiempo sentirse protegidos frente al suelo.
Pies en fila, pies que desfilan; pies que se ocultan y pies que se exhiben con orgullo, enfundados en lujosas sandalias, las uñas bañadas en rojo brillante. Pies silentes, capaces de anidar en cualquier clase de calzado, a cualquier hora, en cualquier tiempo. Pies vencidos de la edad, desvencijados, que se arrastran con desgana por la casa y apenas pueden sostener a su dueño.
Ávidos pies infantiles, que juegan, saltan, andan, nadan, corren, bailan, golpean a todas horas, con su uniforme deportivo.
Pies adolescentes, ya un tanto sosegados, montados en barcos urbanos que no añoran la mar.
Los pies jóvenes, selectivos, han hecho consciente de su valor a su amo, quien procura sacarles partido en todos los terrenos: laboral, deportivo, social y afectivo.
Pies largos o cortos, anchos o estrechos, cavos o valgos, cansados del trabajo de servir a los otros en las más variadas ocupaciones; pies hinchados a diario por la noche, normales por la mañana. Pies pudorosos en los hospitales, que conviene cubrir siempre para librarlos de lesiones.
Pies que gritan mudos su malestar al sentirse oprimidos en bellos zapatos, crueles torturadores. Pies que a diario recuerdan a su poseedor lo que significa su dolor. Y, con esfuerzo, siguen adelante por los caminos, por las calles, por los parques, hasta donde haga falta.
No hay derecho de huelga para los pies.
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5 comentarios
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10 nov 2006 | 11:41 PM
locaporlaluna
Un post bien plantado el tuyo! y muy trabajado, por cierto
besos Velita
11 nov 2006 | 06:09 AM
operadoor
Hice el recorrido de tus letras a pie y no me hicieron callos
11 nov 2006 | 11:30 AM
Jesús
Curioso homenaje a los pies. Son más importantes para muchos de nosotros de lo que nos pensamos ó de lo que somos conscientes de que lo son.
Es todo un ritual, un culto el que, en líneas generales les rendimos. Nos tomamos especial interés en lucirlos con el calzado, en mantenerlos cómodos y también en lucirlos bellos, aunque alguna vez lo hacemos a costa de su bienestar con esos "crueles torturadores".
Creo que tiene sentido. Al fin y al cabo, son quienes nos sustentan, quienes cargan literalmente con nuestras vidas, también con nuestros problemas. Son quienes nos llevan y acompañan a cada paso que damos en nuestras vidas hasta, literalmente, el último día.
Creo que si los pies hablasen, tal vez nos tomaríamos la vida de otra manera. A veces lo hacen, un poco a su manera, con ese malestar que nos recuerda que puede ser un buen momento para tomarse un descanso.
13 nov 2006 | 12:12 PM
jotatrujillo
Lo bueno de nuestros pasos es que pueden llevarnos al encuentro de personas como tú.
Magnifico trabajo, lleno de observación, sobre algo tan poco literario como son los pies.
Los mios están empezando a pasarme factura, seguramente por los pasos equivocados que les he ordenado.
Saludos.
16 nov 2006 | 10:31 AM
Enrique Masip
Encantadora reflexión sobre los pies.
Un abrazo.
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