Las aceras urbanas son una especie de bosques de metal y vidrio donde proliferan especies muy variadas, todas ellas útiles en mayor o menor grado, aunque en algunos lugares se convierten en obstáculos al paso de las personas.
Imprescindibles y esbeltas, las farolas -mejor cuanto más abundantes- son nuestros mejores guardianes en la noche.
De vez en cuando, las jardineras-ataúdes van renovando a lo largo del año su contenido floral y proporcionan una nota vegetal, contrapunto a la dureza de los materiales que conforman el esqueleto y el cuerpo de las calles.
Hay unos paneles informativos que son como enormes tablas de cocina, hincadas en un baldosín, que muestran un plano de la ciudad, cuyo beneficio comprobamos cuando estamos en una ciudad nueva y en busca de una concreta dirección; entonces se transforman en nuestra tabla de salvación. Por la otra cara informan sobre los acontecimientos culturales o festivos del momento.
Las paradas de autobús adoptan dos formas: un poste indicador que dice el número de línea, lugar actual y recorrido; o bien una marquesina protectora frente a lluvia y viento, con banco dulcificador de la espera y carteles indicadores de todas las líneas. Recientemente, unos arbolitos electrónicos han surgido a su lado, para que sepamos el tiempo de espera. Así sabemos también que hay líneas privilegiadas, con frecuencia de goteo y otras semiolvidadas, con esperas desesperantes.
Las señales de tráfico: nada que decir, salvo que proliferan como hongos. Dentro de ellas hay una clase especial: los semáforos, que son como troncos podados, situados al borde de las esquinas y juegan con sus luces tricolores. Algunos se adornan a media caña con muñequitos que tan pronto se ponen verdes de envidia como rojos de indignación.
Cada vez van apareciendo más postes recaudadores del aparcamiento en zona azul, parece que están en crecimiento numérico.
No muy abundantes, pero estratégicos, hay unos gruesos troncos, de estatura medina y cubiertos con capirote, que ofrecen por medio del vendedor la ilusión cotidiana de la ONCE.
(Continuará)

29 abr 2006 | 01:10 AM
operadoor
Qué bien pintas tu ciudad, Veli
29 abr 2006 | 01:28 AM
tara
Ciudades!cada vez más inhospitas,y los buenos árboles,a sufrir.Abrazos de árbol
29 abr 2006 | 02:43 AM
norte
Es cierto VELI, las grandes urbes, solo van quedando como centros comerciales... como decía Blades... donde en vez de un sol, amanece un dollar (o un euro para Uds), donde nadie ríe, donde nadie llora...
Un besito amiga de cuore.Con afecto
Jorge
29 abr 2006 | 03:42 AM
locaporlaluna
leyendo esto se puede valorar mi acera con pasto y el perfume a pinos mientras tocan timbre mis visitas
todavía puedo prolongar el bosque entre el hollín urbano
hermosa tu descripción, te mando un beso Veli
30 abr 2006 | 08:15 PM
Contraejemplo
Me gustó especialmente el capítulo de los semáforos y sus muñequitos.
En tus palabras, las ciudades parecen mucho más bonitas.
30 abr 2006 | 08:54 PM
el xiquet de Columbretes
Las ciudades, desgraciadamente, se componen de cemento y postes. Son selvas donde los animales necesitan orientarse con las señales verticales y horizontales. Me gusta como lo expresas. Un abrazo.
30 abr 2006 | 09:20 PM
laveron
una apreciación digna de un urbanista!!!!!
besos, Veli
laura
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