Me la encontré en la calle. Se desplazaba lenta y torpemente apoyándose con fuerza en sus dos muletas. Bajita, rechoncha, con el pelo blanco rizoso y la cara aún rellenita, en la que destacaban unos ojos de mirada viva, brillante. Me cedió gentilmente el paso -ella iba muy despacito- con una sonrisa que destilaba complicidad; nos cruzamos, yo a mi casa, ella a la residencia.
Este fugaz encuentro con la anciana amigable, conocida de vista, me ha recordado ese dicho de que a partir de los 40 años (hoy diría yo que a los 50) cada quien tiene la cara que se merece, ganada a pulso a base de sus vivencias.
¡Qué agradable y reconfortante es encontrar personas que a pesar de su extrema ancianidad conservan en su faz los rasgos de la bondad, de la confianza en los demás, de las ganas de vivir con los demás, no contra ellos!
Visito asiduamente dos residencias diversas, por razones familiares. En esas escuelas de senectud se puede aprender mucho acerca de modos de envejecer. Abundan las mujeres, estadísticamente más numerosas.
Lo que más impacta son los variados rostros, más que los artilugios varios que precisan en muchos casos para desplazarse.
Hay quienes miran con curiosidad al visitante, saludan, sonríen... los hay ensimismados, con la mirada perdida, carentes de vida consciente. Algunos manifiestan un mal humor permanente.
Ahora bien, la inmensa mayoría son especialmente sensibles a una caricia, un beso amistoso, una pequeña ayuda, un comentario a su persona...se nota la necesidad que sienten de ejercitar la afectividad.
Si llegara a la edad de la viejecita del otro día, me gustaría ofrecer a las personas una cara semejante, amistosa, simpática...

6 feb 2006 | 11:32 PM
Marta
Que bonito la buena gente
7 feb 2006 | 09:25 AM
Raúl/imagina
Me gusta este post "desayuno coctelero". Gracias por el sentido de tus palabras. Hay mucha gente gente!! No nos hemos extinguido a pesar de todo, no soy anciano pero me considero con madera de buena gente, al menos a eso aspiro -que ya es muchos-.
7 feb 2006 | 10:25 AM
pepetxu
A veces sorprende que, en vistas de como está el mundo,queden personas así,que llegadas a cierta edad,no estén quemadas por esta sociedad cada vez más egoista. Pero haberlas las hay,( mi padre era una de esas personas a quien la vida apaleó sin piedad y, a pesar de ello siempre fué un buen hombre dispuesto a ayudar a todo el mundo),y la prueba está en esa anciana que nos dices.
Seguro que tu deseo se cumple,porque querer es poder.
Por lo que a mi respecta,espero heredar por aquello de la genética algo de la bondad de mi querido y recordado "viejo".
Salud
7 feb 2006 | 06:44 PM
Dairene
Creo que ofrecerás esa cara amigable cuando seas mayor, con tus palabras ya lo haces en la actualidad.
Besos,
Dairene
7 feb 2006 | 08:06 PM
laveron
como mi abuela...99 años. exactamente en 1999. un año a cumplir el siglo junto con ella...se me fue.
un beso!
laura
9 feb 2006 | 12:20 AM
Contraejemplo
Me ha encantado tu reflexión, Veli. Y coincido contigo, aunque yo me fijo más en la mirada, en los ojos. Creo que la mirada no envejece, o al menos, se nota menos.
24 feb 2006 | 02:16 PM
iBlógic@
Qué reconfortante resulta leerte. Te he descubierto un poco por casualidad a través de comentarios en otros blog y cuanto me alegro de que sea así. Te he añadido a mi lista de amigos. Creo que podemos compartir muchas cosas y, sobre todo, creo que puedo aprender mucho de tí.
Respecto a este artículo y tu deseo que formulas al final de él, estoy plenamente seguro en base a lo que he leído hasta ahora, de que ya cuentas con esa cara y sonrisa que, sin duda alguna, te acompañará para siempre. Que así sea.
Un abrazo.
Escribe un comentario