Están apareciendo estos días en la prensa noticias alarmantes acerca del acoso escolar sufrido por algunos niños.
Desde luego, tenemos una sociedad enferma, cuando quedan en libertad quienes han acosado y se han permitido el lujo de grabar en vídeo las palizas que daban...
Otro niño ha estado a punto del suicidio por el acoso que sufría. La coctelera recoge en una página el relato de un padre cuya hija ha sido víctima escolar y toda la odisea que ha pasado hasta que se la han cambiado de colegio. Lamentaba que su hija aprendiera la reacción de huída.
Como profesional de la enseñanza, entiendo que cuando se producen hechos graves de esta índole en contra de un niño o niña, la solución menos mala es el cambio de colegio, añadiendo que no veo ninguna solución buena. Lo ideal sería una buena prevención, que hiciera imposible la aparición de estos actos.
¿Cómo y por qué se produce el acoso escolar?
En primer lugar hay que aclarar que estas conductas se dan lo mismo en los colegios privados que en los públicos y concertados.
Hay, por decirlo así, niños candidatos a sufrir esta lacra:
Son todos aquellos que no están dentro del estándar social de su grupo-aula.
Si destacan por su inteligencia, son discapacitados, usan gafas,son muy tímidos, están gordos, visten de modo distinto a la mayoría, proceden de otros países, fallan en las tareas escolares, no son hábiles en los juegos del recreo, son niños solitarios...pueden sufrir el acoso escolar, en mayor o menor grado, con intensidad baja o a escala creciente a medida que avanza la escolaridad.
¿Qué debe hacer el profesor que detecta situaciones de riesgo?
Desde luego, lo primero es prevenir.
A veces, inconscientemente quiero creer, hay profesionales que dejan en evidencia a algún niño delante de sus compañeros: debemos reflexionar y pensar que el aprendizaje se produce por imitación.
Es muy importante crear un ambiente de respeto a las diferencias y de saber apreciar las habilidades individuales de cada uno de los miembros de la clase, procurando aprovecharlas en las actividades escolares. De esta manera todos se sienten útiles, valorados y aprenden a ser parte del grupo.
Cortar de raíz cualquier amago de burla, risa, insulto, etc.
Mantener un contacto fluido, frecuente y colaborativo con las familias.
Observar a sus alumnos en los recreos, salidas y actividades especiales fuera del aula, porque saben hacer conductas muy bien adaptadas a cada ambiente...
Hablar con los niños de todas estas cuestiones con claridad, procurando inculcar los valores del respeto, la tolerancia, la convivencia.
Otro día hablaré algo desde la perspectiva de las familias.