Veli http://veli.lacoctelera.net Escribir... leer... "escuchar"... y compartir opiniones. es-es Cultura poesía pensamientos escritura http://s3.amazonaws.com/lcp/veli/f/7802017c7121a450fc73c38d422750ab.jpg Veli http://veli.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com HAIKUS PARA MARA http://veli.lacoctelera.net/post/2009/11/19/haikus-mara 2009-11-19T00:23:02+00:00

Verde, abrigada,

Bajo palio de hojas,

Palmera niña.

-

Piedras doradas,

Alta torre en plegaria,

Sol de noviembre.

-

Chopos y pinos.

Si los unos se duermen,

Los otros velan.

-

Asustadizos,

Dos gorriones cercanos

Alzan el vuelo.

-

Sobre la acera,

Triste ejemplo vital,

Un ave muerta.

-

Las hojas secas,

Los árboles desnudos,

Preludio y fin.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, noviembre de 2009

Imagen:http://mw2.google.com/mw-panoramio/photos/medium/4120952.jpg

 

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INFANTIL http://veli.lacoctelera.net/post/2009/11/03/infantil 2009-11-03T23:44:45+00:00

¡Cómo me gustaría hacer lo que soñé esta noche! Estaba con Marcos y Juan. Teníamos un cohete espacial. Lo habíamos construído en el garaje de Marcos. Nos había ayudado su padre. Y decidimos probarlo en secreto. A Juan le pareció que la mejor hora iba a ser durante la siesta. Y todos estuvimos de acuerdo. A las 3,30 quedamos para hacer nuestro viaje espacial. Ibamos equipados con los cascos de las bicis y las gafas de buceo. Llevamos el cohete hasta el final del jardín y nos metimos dentro. Sorteamos y me tocó ser el primero en ir de piloto, así que yo iba delante y ellos dos atrás. Nos atamos los cinturones y todos a la vez recitamos fuerte las palabras mágicas de ponerlo en marcha:

—“Etecoh ocipaes la buse” (o sea, sube al espacio, cohete).

Y enseguida empezó a subir a las nubes. Al principio iba despacio, pero pronto empezó a aumentar la velocidad y en pocos minutos estábamos por encima de una nube blanca que parecía de azúcar. Yo enfilaba hacia arriba, esquivando la luz del sol, porque no quería que nos cegara los ojos. Le dije a Marcos que sacara el mapa de viaje que habíamos dibujado la otra tarde. Se puso a buscar en la mochila y no lo llevaba, pero sacó un paquete de galletas con chocolate y empezó a repartirlas. Menos mal que Juan dijo que no nos preocupáramos, que se acordaba perfectamente de la ruta. Lo malo es que no iba de piloto, pero prometió indicarme sin equivocarse los cambios de dirección. Y era un buen copiloto.

¡Qué guay ver desde el cielo las casitas tan pequeñas y el río de color gris! Las vacas apenas se distinguían y los coches en la carretera eran como hormigas que apenas se movían.

De pronto, vimos a lo lejos un avión enorme volando mucho más alto que nosotros. Soltaba una raya de humo blanco y hacía un ruido que nos dejaba sordos. Justo cuando iba a pasar por encima de nuestra nave sentí como un vaivén, un temblor raro…y me desperté.

Imagen: www.teleobjetivo.org

 

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CON LOS OJOS ABIERTOS http://veli.lacoctelera.net/post/2009/10/08/con-ojos-abiertos 2009-10-08T22:56:30+00:00

Querida madre,

Sé que esta carta te va a resultar insólita, después de tanto tiempo alejados por cuestiones que entonces me parecieron inaceptables y ahora veo nimias. Recién superada la adolescencia, mis ansias de volar prevalecieron sobre tus expertos sermones, Chonchi no era la persona idónea para mí. Había demasiados puntos de fricción posible entre ambos, desde sus vivencias previas hasta sus características personales, sin contar con su modo de entender la vida en pareja y su escasa disposición para acoplarse conmigo, que supiste adivinar en cuanto la llevé a casa ilusionado por que la conocieras. ¡Cuánta razón tenías!

Con mi trabajo apenas estrenado, sus arrumacos y ronroneos de gata experta pese a su juventud me sentía dueño de mi vida, me iba a comer el mundo. Alquilé un minúsculo apartamento, para mí el mejor chalé, y nos fuimos a vivir juntos. No queríamos relaciones desagradables, rompimos las amarras, las respectivas familias eran lastres que no deseábamos soportar.

Su presencia llenaba la casa. ¿Quieres saber lo que me encandiló de ella? Sus ojos azules algo miopes, sus mofletes blancos, su pelo rubio, tan opuesto al nuestro. Y, sobre todo, sus mimos, que me hicieron descubrir un mundo de delicias. Frente a tu sequedad, diría incluso dureza, ella era toda suavidad, nunca levantaba la voz. Sus carnes mórbidas, mi mejor cuna. Soñábamos periplos en mares de placeres.

Al principio, su ansia inagotable de dulces sólidos y líquidos me hacía gracia. Cuando me acariciaba con sus manos regordetas me transportaba a lugares donde la felicidad no tiene límites. Cierto es que su inactividad en la casa iba en aumento, pero apenas me daba cuenta. Poco a poco, iba quedando atrapado en una red absurda, me iba convirtiendo en un esclavo sumiso, capaz de salir en plena madrugada a buscar las golosinas que ella necesitaba con urgencia. Pero su peso aumentaba sin cesar y también su volumen…

La casa parecía haber encogido, pasaba con dificultad a través de las puertas, apenas podía moverse. Cuando empezó a necesitar ayuda personal el hechizo en el que estaba preso se quebró. Descubrí que ya no había sitio para mí en su lecho ayer al despertarme, había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 6 de octubre de 2009

 

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DIVAGACIÓN http://veli.lacoctelera.net/post/2009/10/04/divagaci-n 2009-10-04T23:02:50+00:00 Orín corrosivo de incertidumbre.

La parálisis pretende adueñarse.

Se impone una medicina drástica.

Mª Evelia San Juan Aguado

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HAIKUS MUSTIOS http://veli.lacoctelera.net/post/2009/10/02/haikus-mustios 2009-10-02T00:11:23+00:00

Días perdidos

Incertidumbre turbia

Paralizante.

-

Sombras oscuras

Desgarro interno hondo

Hambre de ideas.

-

Nubes plomizas

Se adueñan de la mente

Enmudecientes.

-

Sequía sorda

Apaga los sonidos

Ciega, invasora.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 1 de octubre de 2009

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CUENTOS Y REENCUENTROS http://veli.lacoctelera.net/post/2009/06/19/cuentos-y-reencuentros 2009-06-19T22:19:58+00:00

Hola, amigos: quiero presentaros nuestro primer libro de narraciones, editado recientemente por la Editorial Laria, en Oviedo. Como podéis ver, tiene varios autores, en total 36, con temática variada y nudo común de un encuentro o un reencuentro. Consta de 199 páginas.

La presentación de la contraportada dice: "Los autores de este libro son cazadores de sueños que se arropan con palabras para no quedarse tristemente expuestos a la intemperie de los días que llegan agotados a la noche. Son escritores que no renuncian a urgar en sus heridas para encontrar en ellas la sal de la vida, que da sentido a las sensibilidades comunes..." Tino Pertierra.

La presentación oficial se hizo el día 29 del pasado mes en el club Prensa Asturiana de "La Nueva España", de los periódicos locales, el de mayor tirada.

Asistimos casi todos los autores y un numeroso grupo de familiares, amigos y conocidos, que nos arroparon e hicieron que el acto fuera muy agradable. El jueves siguiente sacó la reseña el periódico, con fotos.

La feria del libro que se celebró en la primera semana de mayo lo tuvo en sus estantes y puedo deciros que para mí fue una experiencia nueva, gratificante. Mis anteriores publicaciones han aparecido en libros colectivos editados por la Biblioteca pública, que se hacen todos los años para festejar el día del libro y no se venden en librerías.

El título de mi  relato es el siguiente: "Y viajaremos juntos".

 

 

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HAIKUS EN JUNIO http://veli.lacoctelera.net/post/2009/06/15/haikus-junio 2009-06-15T06:02:11+00:00

Mañana fresca,

Alborea otro junio,

Luz cantarina.

.

Cielo radiante,

Esplendor de sol nuevo,

Brisas alegres.

.

Aves en vuelo,

Temblor en los árboles,

Rosas en flor.

.

Ligeras nubes

Bordan el firmamento:

Encajes blancos.

.

Tres caracoles

Esquían por la acera,

Aman el riesgo.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 15 de junio de 2009

 

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VÍCTIMAS Y VERDUGO -3 http://veli.lacoctelera.net/post/2009/06/03/v-ctimas-y-verdugo-3 2009-06-03T16:36:16+00:00

 

CAPÍTULO 3

 

Este dichoso Jota me tiene frita. Primero fueron las llamadas. No le contesté ni una vez. Siguió con los mensajitos. Cientos me ha mandado. Hasta creo que algunas veces me ha seguido con el coche. ¡Qué pesado! ¿Cuándo se convencerá de que lo nuestro está muerto? Nito me dice que lo denuncie, que lo suyo es acoso y ya está bien de molestarme. A mí me da pena, prefiero esperar a que se canse o se aburra. Debo tener paciencia. Será cuestión de un poco de tiempo; seguro que se le pasará.

Ha estado algunas veces en la sidrería y no me ha dicho nada; sí, se aplacará.

¿Qué hora será? Uf, se me está haciendo tarde. A ver si me da tiempo y hago la compra antes de entrar a trabajar. Necesito…ah, sí: fruta, huevos, azúcar y pan Bimbo. La nota, en el monedero para que no se me olvide nada. Un retoque con la barra de labios, dos gotas de perfume, paso por el baño y salgo escopetada. Que no se me olviden las llaves.

—Mario, hijo, cuida de tu hermano, que marcho a trabajar.

—Tranquila, mamá, yo me encargo del enano.

—Si vais a la playa, no le pierdas de vista.

—No te preocupes. Te esperaré hasta que vuelvas.

—Ya me encargo yo de la compra.

Tengo suerte con los chicos. Mario es bien responsable. Ojalá siga así, porque con los horarios que tengo estoy preocupada al dejarlos solos. Y que no me falte el trabajo, que tengo que sacarlos adelante.

Seguro que hoy martes no va a haber demasiado jaleo en la sidrería. Bueno, depende. A veces, sin esperarlo, se lían las cosas y no llega nunca la hora de cerrar.

¡Vaya! Ahí está Jota… esta vez viene directo hacia mí. No hay otra sino atenderle.

Mientras esté aquí, tranquila.

Me dice que tiene un regalo para los chicos, un juego caro de los que ellos me piden. No me queda más remedio que ir con él para que me lo dé. Parece que ha bebido bastante.

Voy a intentar que me lo dé sin tener que entrar en su casa. Estoy deseando que acabe esta historia, que me lleve a casa y punto.

Dice, repite que seamos amigos, no pide más. Si se conforma, me dejará en paz.

¡Qué buena noche hace! No se ve ni siquiera un gato. Tengo que entrar, pero esa copa que dice no pienso tomarla. Le convenceré sin llevarle la contraria.

Insiste, insiste… voy a pasar al cuarto, a ver si me lo da… ah, aggg… ¿qué es esto?… me está ahogando… tengo que gritar… aggg… me asfixio… suéltame, asesino… mis hijos… esto es el final, aggg…

La mujer queda tendida sobre la cama y así permanece a lo largo de varios días. La temperatura veraniega provoca una rápida descomposición de su cuerpo. El criminal se aleja de la casa y desaparece sin dejar rastro aparente. Será la policía, alertada por la familia de ella, quien contemple por primera vez el resultado de tanto rencor.

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VÍCTIMAS Y VERDUGO -2 http://veli.lacoctelera.net/post/2009/06/01/v-ctimas-y-verdugo-2 2009-06-01T23:39:18+00:00

CAPÍYULO 2

No puedo dejar de pensar en ella: sus besos, sus caricias, su forma de hacer el amor. Su pelo negro, brillante y suave; su piel cálida y oscura; esos ojos grandes, siempre pintados con arte; esa boca gruesa, jugosa y suave; una sonrisa que contagia y una voz grave que sabe a miel… me ha vuelto loco… no entiendo por qué se lió con ese puerco. Cada vez que los veo juntos me hierve la sangre, se me revuelven las tripas y me cabrea pensar en cómo le dará a él lo que me niega a mí. Es una golfa sin escrúpulos que no merece nada.

Si la llamo, no me coge el teléfono; si le pongo mensajes, no me contesta. Estoy que me muero por recuperarla y conseguir que sea mía, sólo mía. Algunas veces la seguí con el coche y tampoco logré que se subiera. Pero hoy va a ser distinto. Ya sé en qué sidrería trabaja y la voy a esperar a la salida. Ha de volver conmigo, quiera o no quiera. O mejor, entraré y la convenceré. Esta vez no se escapará.

(Ha estado bebiendo).

Son las 12,30, hora de ir a su encuentro. Debo estar convincente. Me siento bien. Hoy va a ser nuestra gran noche. Apenas hay clientela, mejor.

—Buenas noches, cholita.

—¿Qué haces tú por aquí?

—Quiero invitarte a una sidra. Como amigos. No la vas a rechazar… podemos ser amigos tú y yo ¿verdad?

—No sé… desde luego, lo que sí es seguro es que durante mi trabajo no bebo.

—Por eso no te preocupes. Te espero y nos la tomamos cuando acabes.

—Me esperan mis hijos en casa, bien lo sabes.

—Precisamente. Estuve de viaje la semana pasada y me acordé de ellos. Les traje una Nintendo DS, seguro que les va a gustar. La tengo en casa. Luego podemos pasar por allí y la recoges.

—No sé…no tengo ganas de volver a tu casa.

—No será necesario que entres. Pasamos por allí, te la doy y te acerco hasta tu casa.

—No quiero que se me haga tarde. Mario me espera siempre despierto.

—Te prometo no entretenerte. Sólo quiero que seamos amigos.

Mientras espera, sigue bebiendo. Tras cerrar el local, salen en el coche.

—Mira, cholita, lo mejor es que nos tomemos la última copa en mi casa.

—Es tarde. Me das el regalo de los niños y podemos tomar esa copa otro día.

—Vamos, mujer, será un ratito más. Ya te he dicho que luego te llevo a tu casa.

El coche sigue avanzando veloz por las calles ahora vacías. Las farolas iluminan la noche veraniega y ocultan el brillo de las estrellas. Cada minuta que pasa va creciendo en su interior con más fuerza la ira acumulada durante estos meses en que ella no ha estado con él. Nada turba la paz de la casa.

—Anda, choli, pasa un minuto. Cogemos el juego y nos vamos.

—Bueno. ¿Por qué abres con tanto cuidado?

—Esta cerradura no va bien. Voy a tener que cambiarla.

—Venga, choli, nos tomamos una copa; somos amigos, vamos a seguir siendo amigos, quiero ayudarte.

—Mejor me das el paquete y nos vamos. Tomaremos la copa cualquier día de éstos.

—¿Por qué tienes tanta prisa? ¿No voy a llevarte? Tranquila. Seguro que los chicos están durmiendo. Vamos a celebrar que somos amigos.

—Mira, Jota, tengo prisa, estoy cansada, no es buen momento. Otro día podremos seguir hablando. Llévame a mi casa, por favor.

—Pasa al cuarto, que está allí el paquete.

Ella va delante. Enseguida él se acerca por detrás, le echa las manos al cuello y aprieta con fuerza. Ella intenta zafarse, abre mucho los ojos, quiere gritar, nota que el aire le falta, se le hinchan las venas. Piensa en el inmenso error que ha sido creer a este hombre y se da cuenta de que ya es demasiado tarde.

—Aquí tienes el regalo, golfa de mierda. Ahora eres mía, de nadie más, sólo mía.

Saldré a dar una vuelta. Necesito pensar qué hacer ahora. La mulata se lo tenía bien merecido. No se juega así como así con Jota. Lo que está claro es que no puedo volver a casa. Tengo que desaparecer como sea.

La mujer ha quedado tendida sobre la cama y así permanece varios días hasta que es hallada por la policía. Para entonces, la descomposición está haciendo su tarea a conciencia.


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VICTIMAS Y VERDUGO http://veli.lacoctelera.net/post/2009/05/28/victimas-y-verdugo 2009-05-28T23:12:18+00:00

CAPÍTULO 1

 

—¿Dónde está mamá?

—No lo sé. Esta noche no ha vuelto.

—¿Y quién me hace a mí el desayuno?

—No te preocupes. Te lo preparo yo.

—Tenemos que llamarla.

—Ya lo he hecho yo unas cuantas veces y no lo coge.

—Pero ¿dónde puede estar?

—No tengo ni idea.

—¿Qué vamos a hacer?

—Acábate la leche, que vamos a casa de tía Lucila.

—Tita, ¿Dónde estará mamá?

—No lo sé, mi niño.

—¿Tú crees que se ha marchado para siempre?

—No, mi amor. Ya tú vas a ver que pronto estará con nosotros.

—Yo quiero que vuelva ya. Me portaré bien…

—Ya, ya, tranquilo, seguro que va a venir enseguida; algo habrá tenido que hacer. Pero va a volver luego, eso seguro.

—¿Nos vamos a quedar contigo?

—Pues claro, cielín. De aquí no os movéis hasta que vuelva.

—Mario dice que la ha llamado muchas veces y no contesta.

—Le habrá quedado olvidado el móvil en alguna parte y no lo oye.

—Tenemos que buscarla.

—Sí. Vamos a dar aviso a la policía.

Tras varios días de incertidumbre, sin noticias de la desaparecida, en casa de la tita Lucila se recibe una llamada de la policía avisando que han encontrado su cadáver. Mario se lo dice a su hermano pequeño del modo más suave que puede.

—Enano, tienes que ser mayor. La policía ha encontrado a mamá. Está en casa de Jota.

—¿Ese tío que no hace más que mandarle mensajes y perseguirla con el coche? ¿Por qué no la deja en paz? Ella ya no quiere saber nada de él.

—Escucha, enano, está muerta…

—¿Qué dices?

—Sí, lo que oyes. Está muerta. La mató él.

—¿Y qué vamos a hacer?

—No lo sé. Ya veremos.

—Yo quiero ver a mamá.

—Y yo también. A ver si nos dejan.

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