Veli http://veli.lacoctelera.net Escribir... leer... "escuchar"... y compartir opiniones. es-es Cultura poesía pensamientos escritura the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com DÉSPOTA http://veli.lacoctelera.net/post/2012/04/27/d-spota 2012-04-27T11:34:34+00:00

Cuando lo inesperado

te invade

sin remedio

y se hace dueño de

tu vida entera

y gobierna a su antojo,

déspota sin fecha ni hora,

comienzas un camino

desconocido,

lento,

cuyo final no intuyes.

 

Has sido sorprendido

en tu inocencia

y desconoces la carga,

su peso.

Intentas avanzar

como entonces,

seguir el paso a paso

sin fisuras

y ves que las miradas

se vuelven hacia adentro,

sientes que las manos

se han vuelto perezosas

y las piernas

torpes y pesadas.

Caminas, escuchas,

a veces, imaginas

roncos rumores en el cerebro.

Invaden sañudos

el pensamiento.

Y preguntas,

pero no hay respuestas.

Lo inexorable

no sabes si vendrá mañana

o pasado,

veloz acaso o

ensañado y terco,

si viajarás en vuelo

o a compás de caracol.

 

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 20 de abril de 2012

NOTA: La imagen es cortesía de mi amigo OPERADOOR, www.lacoctelera.net/operadoor

 

 

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CON PIES DE PLOMO http://veli.lacoctelera.net/post/2012/04/13/con-pies-plomo 2012-04-13T12:02:11+00:00

La vida no le había tratado como él esperaba. Criado entre dinero innecesario y caprichos no pedidos, se consideraba merecedor de todas las satisfacciones y no aceptaba la más nimia frustración. Desde luego, el esfuerzo del estudio no estaba hecho para él; su periplo universitario se alargaba, consciente de la comodidad y facilidades de unos padres muníficos.

Conoció a Blanca una mañana de abril. Como hacía habitualmente, acababa de pirar las clases y salía en dirección a la cafetería donde seguramente ya le estarían esperando otros colegas para unas partidas de billar. Ella entraba decidida, con sus libros al brazo y un bolso de bandolera que le golpeó ligeramente en la pierna.

-¿Qué llevas en ese bolso, plomo?

Le respondió con una sonrisa y juntó las manos pidiendo disculpa. El brillo de sus ojos, su melena lacia, la falda corta y las botas altas le imantaron y se dio la vuelta para seguirla.

-Llevas demasiados libros. Deja que te ayude. ¿Qué curso estudias? ¿Cómo no te había visto hasta ahora?

Aquella labia mil veces ensayada hizo su efecto. Pronto se hicieron novios. Él se dedicó a rodearla de mimos. Dejó a sus amigos, sólo tenía tiempo para ella y estaban juntos a todas horas. Varios meses después, Blanca le dijo que estaba embarazada. Un mazazo que puso de acuerdo a los padres de ambos en la urgencia de casarlos y así reparar en lo posible el daño.

La boda se celebró con suntuosidad, hubo más de trescientos invitados, el banquete y la celebración dejaron en todos un grato recuerdo. Tras el viaje de novios ritual él comenzó a trabajar en la empresa de su padre, tenía que adquirir sentido de la responsabilidad y aportar a la economía familiar. Se decidió por acuerdo unánime que Blanca siguiera estudiando y acabara la carrera. Estaba próxima, lo podría conseguir a poco que se la ayudase desde ambas familias.

Cuando nació la pequeña Lucía las cosas empezaron a cambiar. Todo se torció. Las noches de llanto continuo de la pequeña, sin explicación causal, la dedicación de Blanca en exclusiva a ella, la ‘poca comprensión’ de los padres, que daban su apoyo a la mujer y le decían que todo era normal, le provocaron un cierto estado de depresión que intentó solucionar alejándose de casa y volviendo a frecuentar a sus amigos solteros. Cada noche regresaba más tarde y más tocado.

Hasta que no pudieron más y se divorciaron. Ella se quedó con la nena y él regresó al regazo de sus padres, pero ya no era como antes: se sentía culpable por primera vez en su vida. El fracaso le acosaba como una serpiente erguida frente a él, desafiante y no tenía modo de apartarlo de su mente. Hasta que una noche de copas e insomnio, al regresar a casa y sentir la soledad fría de su cuarto decidió acabar con todos sus problemas: abrió resueltamente la ventana y se lanzó al vacío.

El impacto al caer de pie sobre el suelo, desde un cuarto piso, le provocó la rotura de ambos tobillos. En el centro hospitalario le operaron con la máxima urgencia, pero tuvieron que amputarle ambos pies. Y comenzó una larga recuperación, una tremenda adaptación a las prótesis que le daban la sensación de andar con pies de plomo.

Mª Evelia San Juan Aguado

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AHORA http://veli.lacoctelera.net/post/2012/03/25/ahora 2012-03-25T12:29:34+00:00

Ahora que la sal escasea,

los ojos se vuelven hacia adentro

y escuchas

inquieto

por comprobar tus latidos.

Y lames tus desgarros

como el setter que nunca tuviste

(tal vez lo soñaste).

Ahora la vida te ningunea,

te ha sacado del centro,

no luchas,

discreto

ocultas frecuentes gemidos,

te limpias los barros.

Acaso sabes reir algún chiste

¿tal vez lo soñaste?

Ahora  la vida

su chao

luego la nada.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 23 de marzo de 2012

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: Faro de Ribadeo, cortesía de mi amiga Mariluz.

 

 

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LUCES DE ESPERANZA http://veli.lacoctelera.net/post/2012/03/14/luces-esperanza 2012-03-14T15:47:57+00:00

 

Salgo a la calle,

veo a la gente,

miro hacia el cielo

azul, sin nubes.

El sol calienta

suave la espalda.

Busco mimosas,

busco camelias

que me pregonen

la primavera.

Sentir la mejoría.

Pensar sólo en lo bueno.

Mirar fijo hacia afuera.

Dejar atrás la pena.

Tararear bajito

cantos de remembranza.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 13 de marzo de 2012

 

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A PASO LENTO http://veli.lacoctelera.net/post/2012/03/04/a-paso-lento 2012-03-04T22:23:41+00:00

Sabes que tu tiempo apremia.

Sientes que la noche acecha.

Le plantas cara a las sombras:

Vivir cada hora rauda,

Regalar palabras nuevas,

Emocionarse al mirar

La vuelta de las camelias,

El cuchicheo del agua

Que salta libre en la fuente,

El verdor de la pradera

En la tarde soleada,

La música cantarina

Del riachuelo vecino.

El cielo azul sobre el monte,

Libre de nubes, tintado

Por los brazos sarmentosos

De los olvidados olmos.

¡Que nadie nos robe nunca

Estos placeres escuetos!

Mª Evelia San Juan Aguado

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ARLEQUÍN http://veli.lacoctelera.net/post/2012/02/23/arlequ-n 2012-02-23T12:47:49+00:00

Como un viejo arlequín

curtido en cien carnavales,

abre su alcancía

agotada.

Sus rombos, desvahídos.

Deshilachadas

sus costuras.

No hay circo para sus chistes,

ni sombra amiga, compañera.

Dos lágrimas silenciosas

desgarran su maquillaje.

Así tu mente herida

apela a los dioses ciegos,

despojados de sus poderes.

En vano pide  prórroga.


Mª Evelia San Juan Aguado

 

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LA HOGUERA DONDE ARDE UNA AUSENCIA http://veli.lacoctelera.net/post/2012/02/19/la-hoguera-donde-arde-ausencia 2012-02-19T22:46:42+00:00 Fue el primero en acusarme de ser su verdugo.

Sin pruebas y quizá doliéndole, pero había los que le susurraban.

Ya se sabe, en un pueblo perdido entre la mar y el monte

El tiempo pesa inmóvil y sólo cada mirada importa.

Gentes que viven de telarañas, de lentas esperas,

Acaso tienen corazón pero cuando hablan es veneno su palabra.

¿De qué podía acusarme si solamente habíamos sido dichosos?

(Tal vez la luna llena, la noche en que me llevó hasta el prado

Iluminado y ruidoso, fiesta arcaica de recios aldeanos).

Morder en el amor no es tan extraño cuando se ha soñado tanto.

Yo había gemido, sí, y en algún momento pude exagerar lo justo.

Después no hablamos de eso, él parecía orgulloso de ello.

Siempre parecen orgullosos si gemimos, pero entonces

¿Qué síntoma le pudo dar la pista y convencerle?

¿Qué memoria diferente tendrá el odio que sigue al desencanto?

Porque en esas noches nos queríamos

Más que si hubiéramos estado ausentes un año.

Bajo la luna, en las arenas enredados y oliendo a salitre y yodo.

Nunca me dijo nada, sólo atento a mis ojos, a mis labios,

Me perfumaba los senos con las hierbas

Que mi madre había guardado para sus cocimientos.

Hasta una noche, la recuerdo como un clavo en la boca,

En que sentí su peso como un fardo informe.

Oh la luna en su cara, esa muerta caricia

Sobre una piel que antes brillaba ardiente.

¿Por qué se tambaleaba, por qué su cuerpo se vencía

Como si su cabeza quisiera desprenderse?

-¿Estás enfermo? Tiéndete al abrigo, deja que te cubra con algo.

Lo sentía temblar como de miedo o bruma

Y cuando me miró su rictus de desánimo me heló.

Pero en la despedida tropezó y lo vi volverse todo mueca y dolor.

Sola en mi casa esperé abrazada a mis rodillas

Hasta convencerme de su definitiva ausencia.

El primero en acusarme de ser su verdugo, fue el primero.

(Lo habré mordido, morder en el amor no es tan extraño).

Lo morderé hasta el fin, morder en el amor no es tan extraño.

Homenaje a Julio Cortázar

(La vuelta al día en ochenta mundos)

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 22 de enero de 2012

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HAIKUS http://veli.lacoctelera.net/post/2012/02/08/haikus 2012-02-08T21:13:39+00:00

HAIKUS DE UNA ISLA

Plumeros secos

enhiestos sobre el monte,

orgullo herido.

-

Emerge el monte,

arropado de nubes,

plomizo en gris.

-

Serpiente mansa,

el paseo se asoma,

sonríe al mar.

-

Viejo volcán

cobija su profundo sueño

bajo la niebla.

-

Naranja, fucsia,

millares de flores

dan vida al muro.

Mª Evelia San Juan Aguado

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REGRESO http://veli.lacoctelera.net/post/2012/02/01/regreso 2012-02-01T21:17:24+00:00

UNA BOINA OBSTINADA

El frio ataca, reina

en este fin de enero,

limpio,

solitario e imparcial:

frío de crisis.

Tiempos temidos

por nuestros padres

parecen llegar ahora

que no estamos preparados.

Perdida la austeridad,

carentes de fortaleza,

caminamos,

incluso a veces corremos,

pero el destino se aleja,

erramos la dirección.

¿Quién nos echará una mano?

¿Dónde la mesura,

la resolución de lucha

y la sed por remontar?

Algo se pudre sin tregua

en este mundo nuestro,

tan distinto, tan igual

al más antiguo.

Mª Evelia San juan Aguado

Oviedo, 31 de enero de 2012

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MIRADAS http://veli.lacoctelera.net/post/2011/02/28/miradas 2011-02-28T16:51:37+00:00

harpo.blogcindario.com

Nuria conservaba de su época de monja varias cosas: los ojos bajos –“no mires a los ojos de la gente” repetía a menudo la abadesa, como si conociese la canción-; el gusto por los garbanzos y un cierto menosprecio por el dinero, al que siempre había considerado como un gancho para arrastrar a las personas hacia sus bajas pasiones.

Trabajaba en su negocio de peluquería con esmero y buena atención a su clientela; lo mismo quitaba y disimulaba un odioso grano con manos expertas que se convertía en paño de lágrimas de clientas fieles agobiadas por vidas anodinas. Y todo con discreción y eficacia. Por eso, su horario de trabajo diario estaba colmado, había que pedirle cita con varios días de antelación.

Su hermana Rosa trataba con mimo las cabelleras, cortaba con estilo y ponía rizos y mechas por igual tanto a jovencitas como a señoras añosas. Parecía tener prisa perpetua, los nervios la acosaban siempre, como petardos prestos a estallar en el momento más inesperado. Por eso su salud era frágil y a veces sufría, pero seguía a diario en su puesto como jefa y responsable del local.

Siempre juntas, en casa y en el trabajo. Ayudaban a sus padres y hermanos, a los que visitaban con puntualidad cada semana en el pueblo. Nada de lo que puede hacerse con las manos les era ajeno. Pintaban el local cada año, lo decoraban con artesanía casera cada navidad buscando siempre la originalidad y la economía. Su gusto por la buena madera se evidenciaba en los muebles que habían ido adquiriendo y en un recipiente tallado con una cabeza femenina y el nombre del local en el que depositaban las diversas tijeras y navajas que usaban.

La tercera rueda del triciclo era Alba, la oficiala que trabajaba con ellas desde varios años atrás y disfrutaba de su confianza. Silenciosa e inteligente, había aprendido con rapidez todos los secretos que le transmitieron y sabía atender las demandas de la clientela con la misma eficacia de sus jefas. Pese a su juventud, derrochaba sensatez y acomodo a ese ambiente cambiante a lo largo del día según iban apareciendo las parroquianas. A cada una, la palabra justa, el acuerdo superficial, mientras las manos, el secador y el cepillo se encargaban de ponerle a punto la cabeza. Y servía café en vaso de plástico, para atenuar la espera mientras el mejunje hacía efecto sobre el cabello.

Cada año, en temporada baja, las hermanas hacían un largo viaje de una quincena que les aportaba descanso mental y conocimiento de lugares exóticos y misteriosos. Estaban dispuestas a pasear su maletín por cualquier parte del mundo. Eran amigas, más que clientas, de la empleada de la agencia de viajes; ésta tenía en cuenta las opiniones que le aportaban tras cada salida y les procuraba las ofertas más ventajosas. Su pasaporte, lleno de sellos extraños, siempre estaba a punto en el cajón de la mesilla. Además, guardaban en una preciosa caja de perfume todos los tickets de los viajes que habían hecho: era su colección secreta. En sus álbumes de fotos había paisajes esplendorosos, pasajeros que se habían hecho amigos durante la estancia en el vagón de un tren antiguo, de asientos incómodos; incluso unas momias egipcias.

Aquel lunes por la tarde, nada más abrir su local, se presentó una extraña mujer de mediana edad. Era morena, vestía un traje largo de color salmón, apoyaba su mano derecha en una sombrilla de encaje y en la izquierda traía una pamela adornada con una camelia blanca. Se dirigió resuelta a Rosa con mirada dura y pidió un peinado acorde con su atuendo. Mientras ésta le sugería un recogido con postizos, apareció Nuria. Acababa de preparar la camilla y había escuchado una voz lejanamente familiar. Se cruzaron miradas de hielo. La abadesa no quiso reconocerla.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 13 de febrero de 2011

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