La Coctelera

Categoría: Muestrario

HAIKUS PARA MARA

Verde, abrigada,

Bajo palio de hojas,

Palmera niña.

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Piedras doradas,

Alta torre en plegaria,

Sol de noviembre.

-

Chopos y pinos.

Si los unos se duermen,

Los otros velan.

-

Asustadizos,

Dos gorriones cercanos

Alzan el vuelo.

-

Sobre la acera,

Triste ejemplo vital,

Un ave muerta.

-

Las hojas secas,

Los árboles desnudos,

Preludio y fin.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, noviembre de 2009

Imagen:http://mw2.google.com/mw-panoramio/photos/medium/4120952.jpg

 

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INFANTIL

¡Cómo me gustaría hacer lo que soñé esta noche! Estaba con Marcos y Juan. Teníamos un cohete espacial. Lo habíamos construído en el garaje de Marcos. Nos había ayudado su padre. Y decidimos probarlo en secreto. A Juan le pareció que la mejor hora iba a ser durante la siesta. Y todos estuvimos de acuerdo. A las 3,30 quedamos para hacer nuestro viaje espacial. Ibamos equipados con los cascos de las bicis y las gafas de buceo. Llevamos el cohete hasta el final del jardín y nos metimos dentro. Sorteamos y me tocó ser el primero en ir de piloto, así que yo iba delante y ellos dos atrás. Nos atamos los cinturones y todos a la vez recitamos fuerte las palabras mágicas de ponerlo en marcha:

—“Etecoh ocipaes la buse” (o sea, sube al espacio, cohete).

Y enseguida empezó a subir a las nubes. Al principio iba despacio, pero pronto empezó a aumentar la velocidad y en pocos minutos estábamos por encima de una nube blanca que parecía de azúcar. Yo enfilaba hacia arriba, esquivando la luz del sol, porque no quería que nos cegara los ojos. Le dije a Marcos que sacara el mapa de viaje que habíamos dibujado la otra tarde. Se puso a buscar en la mochila y no lo llevaba, pero sacó un paquete de galletas con chocolate y empezó a repartirlas. Menos mal que Juan dijo que no nos preocupáramos, que se acordaba perfectamente de la ruta. Lo malo es que no iba de piloto, pero prometió indicarme sin equivocarse los cambios de dirección. Y era un buen copiloto.

¡Qué guay ver desde el cielo las casitas tan pequeñas y el río de color gris! Las vacas apenas se distinguían y los coches en la carretera eran como hormigas que apenas se movían.

De pronto, vimos a lo lejos un avión enorme volando mucho más alto que nosotros. Soltaba una raya de humo blanco y hacía un ruido que nos dejaba sordos. Justo cuando iba a pasar por encima de nuestra nave sentí como un vaivén, un temblor raro…y me desperté.

Imagen: www.teleobjetivo.org

 

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CON LOS OJOS ABIERTOS

Querida madre,

Sé que esta carta te va a resultar insólita, después de tanto tiempo alejados por cuestiones que entonces me parecieron inaceptables y ahora veo nimias. Recién superada la adolescencia, mis ansias de volar prevalecieron sobre tus expertos sermones, Chonchi no era la persona idónea para mí. Había demasiados puntos de fricción posible entre ambos, desde sus vivencias previas hasta sus características personales, sin contar con su modo de entender la vida en pareja y su escasa disposición para acoplarse conmigo, que supiste adivinar en cuanto la llevé a casa ilusionado por que la conocieras. ¡Cuánta razón tenías!

Con mi trabajo apenas estrenado, sus arrumacos y ronroneos de gata experta pese a su juventud me sentía dueño de mi vida, me iba a comer el mundo. Alquilé un minúsculo apartamento, para mí el mejor chalé, y nos fuimos a vivir juntos. No queríamos relaciones desagradables, rompimos las amarras, las respectivas familias eran lastres que no deseábamos soportar.

Su presencia llenaba la casa. ¿Quieres saber lo que me encandiló de ella? Sus ojos azules algo miopes, sus mofletes blancos, su pelo rubio, tan opuesto al nuestro. Y, sobre todo, sus mimos, que me hicieron descubrir un mundo de delicias. Frente a tu sequedad, diría incluso dureza, ella era toda suavidad, nunca levantaba la voz. Sus carnes mórbidas, mi mejor cuna. Soñábamos periplos en mares de placeres.

Al principio, su ansia inagotable de dulces sólidos y líquidos me hacía gracia. Cuando me acariciaba con sus manos regordetas me transportaba a lugares donde la felicidad no tiene límites. Cierto es que su inactividad en la casa iba en aumento, pero apenas me daba cuenta. Poco a poco, iba quedando atrapado en una red absurda, me iba convirtiendo en un esclavo sumiso, capaz de salir en plena madrugada a buscar las golosinas que ella necesitaba con urgencia. Pero su peso aumentaba sin cesar y también su volumen…

La casa parecía haber encogido, pasaba con dificultad a través de las puertas, apenas podía moverse. Cuando empezó a necesitar ayuda personal el hechizo en el que estaba preso se quebró. Descubrí que ya no había sitio para mí en su lecho ayer al despertarme, había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 6 de octubre de 2009

 

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DIVAGACIÓN

Orín corrosivo de incertidumbre.

La parálisis pretende adueñarse.

Se impone una medicina drástica.

Mª Evelia San Juan Aguado

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CUENTOS Y REENCUENTROS

Hola, amigos: quiero presentaros nuestro primer libro de narraciones, editado recientemente por la Editorial Laria, en Oviedo. Como podéis ver, tiene varios autores, en total 36, con temática variada y nudo común de un encuentro o un reencuentro. Consta de 199 páginas.

La presentación de la contraportada dice: "Los autores de este libro son cazadores de sueños que se arropan con palabras para no quedarse tristemente expuestos a la intemperie de los días que llegan agotados a la noche. Son escritores que no renuncian a urgar en sus heridas para encontrar en ellas la sal de la vida, que da sentido a las sensibilidades comunes..." Tino Pertierra.

La presentación oficial se hizo el día 29 del pasado mes en el club Prensa Asturiana de "La Nueva España", de los periódicos locales, el de mayor tirada.

Asistimos casi todos los autores y un numeroso grupo de familiares, amigos y conocidos, que nos arroparon e hicieron que el acto fuera muy agradable. El jueves siguiente sacó la reseña el periódico, con fotos.

La feria del libro que se celebró en la primera semana de mayo lo tuvo en sus estantes y puedo deciros que para mí fue una experiencia nueva, gratificante. Mis anteriores publicaciones han aparecido en libros colectivos editados por la Biblioteca pública, que se hacen todos los años para festejar el día del libro y no se venden en librerías.

El título de mi  relato es el siguiente: "Y viajaremos juntos".

 

 

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MISIÓN CUMPLIDA

Sesenta años juntas, sin haberse separado nunca, compartiéndolo todo, habían acabado con su paciencia. Los padres ya no podían intervenir: él se fue cinco años atrás, agotado por un verano asfixiante; ella aguantó hasta hace siete meses, cuando un extraño acceso la dejó en la antesala. Aún resistió unas semanas, tal vez esperaba disfrutar la primavera, pero no le fue concedido.

No halló más alternativa. Necesitaba con urgencia descubrir la dicha de la soledad. Iba a disfrutar a su manera, sin trabas, sin obstáculos, sin testigos. Madurar la idea le había costado, pero ahora ya no había vuelta atrás.

Le resultó fácil conseguir en la droguería el producto y seguir las instrucciones al pie de la letra. Preparó una cena especial para celebrar su cumpleaños. Se esmeró como nunca, en la mesa no faltaba detalle, incluso colocó y encendió velas. La música suave de los antiguos boleros casaba a la perfección en aquel ambiente de fiesta. Rieron, evocaron tiempos juveniles, saborearon los manjares, bebieron del vino dulce que su madre tenía reservado para ocasiones especiales. Ella declinó probar la tarta: "se sentía demasiado llena". Bailaron un rato, hasta que el cansancio las venció. Al acostarse, ella se tomó una pastilla de somnífero, no deseaba impaciencias ni pesadillas.

A la mañana siguiente, llamó al médico y consiguió la certificación con toda normalidad. Posteriormente,  llevó a cabo todos los trámites con semblante compungido y rigurosa eficacia. Los primos comentaban cómo iba a sobrevivir ella tras la desgracia. Empezaron a llamarla y estar pendientes, pero les despachó con suavidad: “No le quedaba otra sino acostumbrarse, y debía hacerlo ya”.

Una semana más tarde, comenzó las obras de reforma en la casa. En unos pocos días se las terminaron y se dedicó a tirar cuantos chismes inútiles le recordaban el pasado. Sentía una satisfacción inmensa al deshacerse de ellos. Decidió darse un capricho para completar la operación y se compró una cajita con seis bombones grandes. No consiguió acabarlos, pues con el tercero se atragantó y nadie pudo ayudarla.

Mª Evelia San Juan Aguado

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Respuestas a Fernando -3

En su último libro, "UN HOMBRE POR VENIR", página 62, dice Fernando Menéndez:

"Tajo de blanco en un refugio azul. Si bien azul por consenso.

Alguien puso los medios para que hubiese azul.

Atraviesa la piscina por una calle lateral.

Su natación es prodigio de la tarde, sano coqueteo sin testigos".

Mi respuesta cambia el tercio. Dice así:

Un tajo infranqueable los separa.

La incomprensión discurre por el fondo.

Socavan los malentendidos.

Decía: me maltratas.

El silencio se ha vestido de hábito.

Mª Evelia San Juan

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PASE SIN LLAMAR

Vivían en una caravana que habían situado junto al puente, en terreno comunal. El agua no faltaba nunca. Con un generador pequeño y las bombonas de gas se arreglaban para lo demás. Eran dos familias numerosas, siempre se habían buscado la vida a su manera, las leyes ordinarias no estaban vigentes para ellos. Su liberalismo consistía en la ausencia de trabajo estable y regulado; carencia de cualquier tipo de horarios; alimentación irregular –hoy hartones, mañana hambre-; desconocimiento de la higiene; por lo demás, siempre con una alegría vital envidiable. Música, baile y jarana a flor de piel.

Descubrieron la casita en una de sus habituales correrías en busca de algo que afanar. En un barrio alejado  del centro, antigua, deshabitada, dos viviendas. Enseguida, tomaron la determinación. Compraron candados nuevos. Aprovechando la soledad nocturna, descerrajaron la puerta, sellada con una barra de hierro, y se instalaron dispuestos a hacerse dueños.

Mª Evelia San Juan Aguado

 

 

 

 

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