La Coctelera

Categoría: Muestrario

DÉSPOTA

Cuando lo inesperado

te invade

sin remedio

y se hace dueño de

tu vida entera

y gobierna a su antojo,

déspota sin fecha ni hora,

comienzas un camino

desconocido,

lento,

cuyo final no intuyes.

 

Has sido sorprendido

en tu inocencia

y desconoces la carga,

su peso.

Intentas avanzar

como entonces,

seguir el paso a paso

sin fisuras

y ves que las miradas

se vuelven hacia adentro,

sientes que las manos

se han vuelto perezosas

y las piernas

torpes y pesadas.

Caminas, escuchas,

a veces, imaginas

roncos rumores en el cerebro.

Invaden sañudos

el pensamiento.

Y preguntas,

pero no hay respuestas.

Lo inexorable

no sabes si vendrá mañana

o pasado,

veloz acaso o

ensañado y terco,

si viajarás en vuelo

o a compás de caracol.

 

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 20 de abril de 2012

NOTA: La imagen es cortesía de mi amigo OPERADOOR, www.lacoctelera.net/operadoor

 

 

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CON PIES DE PLOMO

La vida no le había tratado como él esperaba. Criado entre dinero innecesario y caprichos no pedidos, se consideraba merecedor de todas las satisfacciones y no aceptaba la más nimia frustración. Desde luego, el esfuerzo del estudio no estaba hecho para él; su periplo universitario se alargaba, consciente de la comodidad y facilidades de unos padres muníficos.

Conoció a Blanca una mañana de abril. Como hacía habitualmente, acababa de pirar las clases y salía en dirección a la cafetería donde seguramente ya le estarían esperando otros colegas para unas partidas de billar. Ella entraba decidida, con sus libros al brazo y un bolso de bandolera que le golpeó ligeramente en la pierna.

-¿Qué llevas en ese bolso, plomo?

Le respondió con una sonrisa y juntó las manos pidiendo disculpa. El brillo de sus ojos, su melena lacia, la falda corta y las botas altas le imantaron y se dio la vuelta para seguirla.

-Llevas demasiados libros. Deja que te ayude. ¿Qué curso estudias? ¿Cómo no te había visto hasta ahora?

Aquella labia mil veces ensayada hizo su efecto. Pronto se hicieron novios. Él se dedicó a rodearla de mimos. Dejó a sus amigos, sólo tenía tiempo para ella y estaban juntos a todas horas. Varios meses después, Blanca le dijo que estaba embarazada. Un mazazo que puso de acuerdo a los padres de ambos en la urgencia de casarlos y así reparar en lo posible el daño.

La boda se celebró con suntuosidad, hubo más de trescientos invitados, el banquete y la celebración dejaron en todos un grato recuerdo. Tras el viaje de novios ritual él comenzó a trabajar en la empresa de su padre, tenía que adquirir sentido de la responsabilidad y aportar a la economía familiar. Se decidió por acuerdo unánime que Blanca siguiera estudiando y acabara la carrera. Estaba próxima, lo podría conseguir a poco que se la ayudase desde ambas familias.

Cuando nació la pequeña Lucía las cosas empezaron a cambiar. Todo se torció. Las noches de llanto continuo de la pequeña, sin explicación causal, la dedicación de Blanca en exclusiva a ella, la ‘poca comprensión’ de los padres, que daban su apoyo a la mujer y le decían que todo era normal, le provocaron un cierto estado de depresión que intentó solucionar alejándose de casa y volviendo a frecuentar a sus amigos solteros. Cada noche regresaba más tarde y más tocado.

Hasta que no pudieron más y se divorciaron. Ella se quedó con la nena y él regresó al regazo de sus padres, pero ya no era como antes: se sentía culpable por primera vez en su vida. El fracaso le acosaba como una serpiente erguida frente a él, desafiante y no tenía modo de apartarlo de su mente. Hasta que una noche de copas e insomnio, al regresar a casa y sentir la soledad fría de su cuarto decidió acabar con todos sus problemas: abrió resueltamente la ventana y se lanzó al vacío.

El impacto al caer de pie sobre el suelo, desde un cuarto piso, le provocó la rotura de ambos tobillos. En el centro hospitalario le operaron con la máxima urgencia, pero tuvieron que amputarle ambos pies. Y comenzó una larga recuperación, una tremenda adaptación a las prótesis que le daban la sensación de andar con pies de plomo.

Mª Evelia San Juan Aguado

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AHORA

Ahora que la sal escasea,

los ojos se vuelven hacia adentro

y escuchas

inquieto

por comprobar tus latidos.

Y lames tus desgarros

como el setter que nunca tuviste

(tal vez lo soñaste).

Ahora la vida te ningunea,

te ha sacado del centro,

no luchas,

discreto

ocultas frecuentes gemidos,

te limpias los barros.

Acaso sabes reir algún chiste

¿tal vez lo soñaste?

Ahora  la vida

su chao

luego la nada.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 23 de marzo de 2012

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: Faro de Ribadeo, cortesía de mi amiga Mariluz.

 

 

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LUCES DE ESPERANZA

 

Salgo a la calle,

veo a la gente,

miro hacia el cielo

azul, sin nubes.

El sol calienta

suave la espalda.

Busco mimosas,

busco camelias

que me pregonen

la primavera.

Sentir la mejoría.

Pensar sólo en lo bueno.

Mirar fijo hacia afuera.

Dejar atrás la pena.

Tararear bajito

cantos de remembranza.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 13 de marzo de 2012

 

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A PASO LENTO

Sabes que tu tiempo apremia.

Sientes que la noche acecha.

Le plantas cara a las sombras:

Vivir cada hora rauda,

Regalar palabras nuevas,

Emocionarse al mirar

La vuelta de las camelias,

El cuchicheo del agua

Que salta libre en la fuente,

El verdor de la pradera

En la tarde soleada,

La música cantarina

Del riachuelo vecino.

El cielo azul sobre el monte,

Libre de nubes, tintado

Por los brazos sarmentosos

De los olvidados olmos.

¡Que nadie nos robe nunca

Estos placeres escuetos!

Mª Evelia San Juan Aguado

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ARLEQUÍN

Como un viejo arlequín

curtido en cien carnavales,

abre su alcancía

agotada.

Sus rombos, desvahídos.

Deshilachadas

sus costuras.

No hay circo para sus chistes,

ni sombra amiga, compañera.

Dos lágrimas silenciosas

desgarran su maquillaje.

Así tu mente herida

apela a los dioses ciegos,

despojados de sus poderes.

En vano pide  prórroga.


Mª Evelia San Juan Aguado

 

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LA HOGUERA DONDE ARDE UNA AUSENCIA

Fue el primero en acusarme de ser su verdugo.

Sin pruebas y quizá doliéndole, pero había los que le susurraban.

Ya se sabe, en un pueblo perdido entre la mar y el monte

El tiempo pesa inmóvil y sólo cada mirada importa.

Gentes que viven de telarañas, de lentas esperas,

Acaso tienen corazón pero cuando hablan es veneno su palabra.

¿De qué podía acusarme si solamente habíamos sido dichosos?

(Tal vez la luna llena, la noche en que me llevó hasta el prado

Iluminado y ruidoso, fiesta arcaica de recios aldeanos).

Morder en el amor no es tan extraño cuando se ha soñado tanto.

Yo había gemido, sí, y en algún momento pude exagerar lo justo.

Después no hablamos de eso, él parecía orgulloso de ello.

Siempre parecen orgullosos si gemimos, pero entonces

¿Qué síntoma le pudo dar la pista y convencerle?

¿Qué memoria diferente tendrá el odio que sigue al desencanto?

Porque en esas noches nos queríamos

Más que si hubiéramos estado ausentes un año.

Bajo la luna, en las arenas enredados y oliendo a salitre y yodo.

Nunca me dijo nada, sólo atento a mis ojos, a mis labios,

Me perfumaba los senos con las hierbas

Que mi madre había guardado para sus cocimientos.

Hasta una noche, la recuerdo como un clavo en la boca,

En que sentí su peso como un fardo informe.

Oh la luna en su cara, esa muerta caricia

Sobre una piel que antes brillaba ardiente.

¿Por qué se tambaleaba, por qué su cuerpo se vencía

Como si su cabeza quisiera desprenderse?

-¿Estás enfermo? Tiéndete al abrigo, deja que te cubra con algo.

Lo sentía temblar como de miedo o bruma

Y cuando me miró su rictus de desánimo me heló.

Pero en la despedida tropezó y lo vi volverse todo mueca y dolor.

Sola en mi casa esperé abrazada a mis rodillas

Hasta convencerme de su definitiva ausencia.

El primero en acusarme de ser su verdugo, fue el primero.

(Lo habré mordido, morder en el amor no es tan extraño).

Lo morderé hasta el fin, morder en el amor no es tan extraño.

Homenaje a Julio Cortázar

(La vuelta al día en ochenta mundos)

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 22 de enero de 2012

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HAIKUS

HAIKUS DE UNA ISLA

Plumeros secos

enhiestos sobre el monte,

orgullo herido.

-

Emerge el monte,

arropado de nubes,

plomizo en gris.

-

Serpiente mansa,

el paseo se asoma,

sonríe al mar.

-

Viejo volcán

cobija su profundo sueño

bajo la niebla.

-

Naranja, fucsia,

millares de flores

dan vida al muro.

Mª Evelia San Juan Aguado

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