La Coctelera

Categoría: Humor

MISIÓN CUMPLIDA

Sesenta años juntas, sin haberse separado nunca, compartiéndolo todo, habían acabado con su paciencia. Los padres ya no podían intervenir: él se fue cinco años atrás, agotado por un verano asfixiante; ella aguantó hasta hace siete meses, cuando un extraño acceso la dejó en la antesala. Aún resistió unas semanas, tal vez esperaba disfrutar la primavera, pero no le fue concedido.

No halló más alternativa. Necesitaba con urgencia descubrir la dicha de la soledad. Iba a disfrutar a su manera, sin trabas, sin obstáculos, sin testigos. Madurar la idea le había costado, pero ahora ya no había vuelta atrás.

Le resultó fácil conseguir en la droguería el producto y seguir las instrucciones al pie de la letra. Preparó una cena especial para celebrar su cumpleaños. Se esmeró como nunca, en la mesa no faltaba detalle, incluso colocó y encendió velas. La música suave de los antiguos boleros casaba a la perfección en aquel ambiente de fiesta. Rieron, evocaron tiempos juveniles, saborearon los manjares, bebieron del vino dulce que su madre tenía reservado para ocasiones especiales. Ella declinó probar la tarta: "se sentía demasiado llena". Bailaron un rato, hasta que el cansancio las venció. Al acostarse, ella se tomó una pastilla de somnífero, no deseaba impaciencias ni pesadillas.

A la mañana siguiente, llamó al médico y consiguió la certificación con toda normalidad. Posteriormente,  llevó a cabo todos los trámites con semblante compungido y rigurosa eficacia. Los primos comentaban cómo iba a sobrevivir ella tras la desgracia. Empezaron a llamarla y estar pendientes, pero les despachó con suavidad: “No le quedaba otra sino acostumbrarse, y debía hacerlo ya”.

Una semana más tarde, comenzó las obras de reforma en la casa. En unos pocos días se las terminaron y se dedicó a tirar cuantos chismes inútiles le recordaban el pasado. Sentía una satisfacción inmensa al deshacerse de ellos. Decidió darse un capricho para completar la operación y se compró una cajita con seis bombones grandes. No consiguió acabarlos, pues con el tercero se atragantó y nadie pudo ayudarla.

Mª Evelia San Juan Aguado

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PASO DE CEBRA

El señor Ramón es un viejo de pelo níveo y ojos muy grises que camina pasito a pasito al amparo de un hermoso bastón de bambú y empuñadura de plata. Se le nota de lejos que ha sido señor toda su vida, aunque ahora le queden tan sólo los restos. Siempre que el tiempo es amable se desplaza desde su casa al parque, mañana y tarde. Cuando cruza el paso de cebra se siente dueño: ignora el color del semáforo, retarda el paso y amenaza con ácido gesto a los conductores que se le impacientan.

Mª Evelia San Juan Aguado

Oviedo, 19- nov-08

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EN CAPILLA

Se ven desde la entrada, ocupan buena parte de la tarima del salón. Abren sus fauces, rojas la mayor, verdes la otra. Y esperan pacientes.
En esta hora taurina de la tarde agosteña hay nerviosismo en la madre, tranquilidad aparente en el chico. La desazón y la incertidumbre están haciendo presa en ella e intenta neutralizarlas a base de actividad.
-Hay que organizar bien las cosas. No sirve hacerlo de cualquier manera.
-Lo sé, mamá.
-Si me vas sacando todo, te las preparo.
-Vale. Pero no me atosigues.
-No quiero atosigarte, se trata de hacerlo lo mejor posible y en eso sabes que tengo una dilatada experiencia.
Mira, te pongo debajo del todo las bayetas, estas sábanas nuevas y las toallas. A continuación, la tanda de mudas. Luego, pantalones, camisetas, jerseys y camisas. Cuantos menos dobleces, más espacio disponible. Y para rematar, el traje, la chaqueta y la cazadora de cuero. Con ésta debes tener un cuidado especial. Nada más llegar allá la cuelgas en una percha a su medida. Procura que no te coja dobleces raros, imposibles de borrar luego.
-Vale, mamá.
-Vamos a poner en la pequeña todas las cosas que no son ropa. Calzado, la bolsa de aseo, la cámara, libros…
-No te calientes, que el peso máximo del equipaje no puede superar los 30 kilos.
-Ya, ya lo sé. Pero tendrás que llevar algún libro. Te pueden ser muy útiles.
-Encontraré en Internet lo que me haga falta.
-Si vas a dar clases de Ciencias Naturales estoy segura de que ese libro tan bueno de Bachiller te vendrá bien.
-Marcos, hijo, mira a ver si aparece en el altillo de vuestro cuarto. Que lo lleve. Al menos para empezar le puede venir bien.
-Y yo voy a buscar la Biblia para que la lleves.
-Eso sí que no. Sabes que soy ateo.
-Lo sé y lo respeto. Pero ambos sabemos, porque nos lo han dicho por separado, uno no puede manifestarse como tal. Está muy mal visto. Vale cualquier religión, pero conviene tener una.
-¿Y de qué me va a servir la Biblia, aparte de hacer peso en el equipaje?
-Por el peso no te preocupes. Acaba de comprobarlo tu padre y sobra capacidad. Tú sabes que allí es un libro muy estimado y valorado. Si la pones bien visible en tu biblioteca, inconfundible con su lomo grabado en letras de oro, ahorrarás a las personas que te visiten la pregunta sobre tus creencias religiosas.
- Si lo miras así…

Imagen procedente de www.lastgeneration.us

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TODO A CIEN

Desde la distancia de veinte metros, cargada, se acercaba como un antiguo barco, lenta y fatigada.
-¿A dónde vas con tantas bolsas?
-Chica, entré en el nuevo Todo a Cien que han abierto junto a la farmacia y no sabes la de cosas que tienen. De todo, lo que pidas.Llevo unos cuantos chismes para la cocina y algunos adornos para el salón. Es una maravilla. Y los precios, ni te cuento. Mira, mira...
-Pero ¿de verdad necesitas todas estas cosas?
-Bueno, no, pero son baratísimas. Y nunca se sabe, a lo mejor cualquier día las uso. Además ¡es tan divertido comprar!

Imagen procedente de noticiasinsolitas.zoomblog.com

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BLANCA Y RADIANTE

Blanca está sola. Perdió a su marido una nochevieja hace ya bastantes años. La gran vejez la ha ido invadiendo lentamente. Y se pasa el día, los días, en compañía de la tele. Un antiguo receptor en el que apenas se ven la 1, la 2 y la 3. Suficiente para sus necesidades. Le gustan los programas del corazón, las telenovelas y especialmente la cocina de Arguiñano. Toda la vida guisando a la perfección platos tradicionales, postres, pan; y ahora...
Cuando el sábado pasado llegué a su casa me advirtió radiante:
-El conejo hay que hacerlo como dice Carlos Arguiñano.

Imagen procedente de www.talleronline.com

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NUESTRA MASCOTA

Después de contarme varias anécdotas de su querido Lay, me preguntó con curiosidad:
-¿Tenéis alguna mascota?
-Sí. Convive con nosotros desde hace muchos, muchos años y sospecho que nos va a acompañar hasta el final.
Cuando era pequeña permanecía en su habitación, pero a medida que fue creciendo consiguió hacerse dueña de toda la casa.
De verdad, es tranquila, silenciosa y autosuficiente. No es preciso sacarla a pasear y no molesta a los vecinos.
Puede decirse que llevamos vidas paralelas y no solicita mimos o caricias.
-¿Cómo se llama?
-La carcoma.

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HUMOR INGLÉS


1. -¡Camarero! Hay una mosca en mi sopa.
-No se preocupe, señor; la araña del pan la matará.

2. -¡Camarero! ¿Qué hace este mosquito en mi sopa?
-Me parece que está nadando, señor.

3. -¡Camarero! ¿Qué está haciendo ese moscardón en mi helado?
-Sospecho que esta aprendiendo a esquiar, señor.

4. -¡Camarero! Tomaré café sin leche, por favor.
-No tenemos leche, señor. ¿Quiere café sin nata?

5. -¡Camarero! Este café sabe a jabón.
-Ah, eso debe ser té, señor. El café sabe a pegamento.

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LAS DUDAS DE DON BASILIO

Como sabemos, las palabras son seres vivos dentro del idioma, por ello a veces la vejez las arrincona hasta que definitivamente mueren. En este cuento de hoy he querido dar oxígeno a algunas que están gravemente cancerosas.

D.Basilio tiene un pesado aire clerical y ese andar característico de los grandes pies planos, que se desvían hacia fuera en cada paso.
Toda la vida vistiendo la sotana de mil botones y ahora le dicen que debe ponerse de paisano. ¿Cómo va a acostumbrarse? Esos curas modernos, que no quieren que se les note... ¡qué equivocados están! Si se les huele a siete leguas...
No hay remedio, sino obedecer y cumplir, que para eso tiene hecho voto de obediencia. Pero le preocupan algunas cosas que no sabe cómo va a solucionar. Sólo tiene un pantalón, viejo y desportillado, al que le faltan algunos botones de la pretina. Además es corto de pata, para que no se vea por debajo de la sotana, y tiene ese color indefinible de la ropa añeja. Él, que nunca ha tenido un duro, porque las gentes de su parroquia son humildes y tienen montones de necesidades a las que va atendiendo como puede, ahora va a tener que comprarse ropa. ¿Cuánto valdrán dos pantalones? ¿Y tres camisas? Nadie sabe lo útil que es un alzacuello de plexiglás para hacer tirar años y años un par de camisas. Pero, claro, ahora éstas se van a ver a diario, y no es cosa de tenerlas tan raídas que hasta las rayas les han desaparecido.
Ya le han advertido con firmeza que procure vestirse de acuerdo con su dignidad sacerdotal, que no abochorne a su obispo, que todos sabemos cómo le gusta mostrarse con esa elegancia personal que Dios le ha dado. D. Basilio es un obrero de la Iglesia, un humilde párroco de barrio pobre, que lo único que sabe con certeza es que Jesús amaba a los pobres, les ayudaba, hacía milagros para ellos. Sabe que ser sacerdote es seguir ese ejemplo.
¿Y qué decir de las chaquetas? Jamás ha usado una, no le hacían falta. En verano se puede ir en mangas de camisa, pero él es friolero, acostumbrado a la ropa talar y al manteo. ¿Será suficiente una simple chaqueta para combatir los rigores del invierno zamorano? Tiene mucho miedo a pasar frío; sabe que de ahí le pueden venir esos problemas de salud que ya empiezan a ser achaques reincidentes. A veces le asalta la maligna idea de que quieren precipitar su fin con esta orden. Enseguida le desecha, porque piensa que serán cosas del Vaticano, allá tan lejos, que bastante va a saber de los viejos párrocos de barrio pobre, olvidados y malpagados.
Acaso sería buena idea pedir una visita al obispo y explicarle su falta de recursos, pero siente vergüenza, tal vez le reprenda por no saber ahorrar; además no quiere que se sepa en qué gasta la nómina que recibe.
Así que cada poco reza: -"Dios mío, ¿cómo voy a resolver este problema si Tú no me ayudas?

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