La prensa nacional e internacional ha informado. “Al Qaeda ha utilizado a dos mujeres con síndrome Down para que, con bombas atadas a su cuerpo, entrasen en el mercado de Al Ghazil en Bagdad en donde se han suicidado, explotando activadas por control remoto, despedazando a más de 72 personas”. José Luis Caramés Lage, en
BOMBAS HUMANAS
(Relato de ficción)
Layla y Miriam parecían hermanas, la gente las confundía. Tenían la misma edad, con unos meses de diferencia. Al nacer, sus respectivos padres las habían considerado como un doble castigo: por ser niñas y por su alteración cromosómica.
Se criaron con dificultades gracias a los cuidados de sus madres, lentamente, con ligeros avances y estancamientos.
Habían ido al mismo colegio; allí se hicieron amigas, mientras compartían aprendizajes, juegos y tareas. Tras ese tiempo, la amistad se prolongó y fue en aumento durante la adolescencia.
Ambas eran alegres, sumisas, muy cariñosas. Y confiaban plenamente en sus padres. Éstos eran parientes lejanos, hombres duros de un clan de creyentes convencidos, que leían a diario su único libro y observaban las normas sin la más mínima desviación.
Su fe era su impulso. Su vida, una milicia. Lograr la conversión de los infieles, la mejor conquista. Merecía la pena cualquier esfuerzo en pos de este ideal. En la otra vida, para siempre, la gloria, la felicidad suprema…sólo de pensarlo sentían escalofríos.
Hace algún tiempo, en el curso de una operación en marcha, el jefe les propuso dar el protagonismo a sus hijas Layla y Miriam. Ellos dudaron un instante, pero pronto se convencieron: conseguirían un doble objetivo…
¡Qué fácil les resultó convencerlas! Simplemente tendrían que entregar unos paquetes en el mercado. Les comprarían unas mochilas nuevas preciosas. Era un favor que iban a hacer a sus papás. Ellas aceptaron encantadas.
Y llegó el gran día. Se prepararon con esmero y dieron a sus madres un gran beso para salir. En la calle las esperaban en el coche los papás. Enfilaron hacia el mercado y cuando llegaron les dijeron que nada más entregar los paquetes regresaran al coche.
Layla y Miriam se cogieron de la mano y entraron con paso decidido. Al cabo de algunos minutos, sendas bombas, activadas desde el coche por control remoto, estallaron en el mercado y produjeron la muerte a más de setenta y dos personas.

